Técnicas de relajación para niños



Hemos hablado ampliamente en muchas ocasiones de lo beneficiosas que son las técnicas de relajación para nuestra vida diaria. Son cada vez más las personas que practican alguna técnica de relajación para calmar su ansiedad o mejorar la forma en la que se enfrentan a la vida.

Pero no solo los adultos podemos disfrutar de las ventajas que nos ofrecen las técnicas de relajación. Los niños y los adolescentes también pueden sacarle un gran partido si sabemos guiarlos y trabajar con ellos.

Las técnicas de relajación en los niños se pueden trabajar de forma individual, estando los niños por ejemplo en casa con sus padres, o bien de forma grupal, trabajando en la escuela con sus profesores.

Técnicas de relajación con bebés (0-3 años)


Durante esta etapa los niños aún no han desarrollado su independencia, prácticamente, por lo que, por supuesto, no vamos a poder darles instrucciones de relajación para que las sigan, pero será importante empezar a trabajar con ellos de forma consistente para que vayan integrando los momentos de relajación en su vida diaria.

¿Cuándo aplicarlas?

Escoge un momento del día en el que tengas un rato para estar a solas con tu bebé. Puede ser justo antes de la siesta, o antes de ir a dormir. Puedes utilizar estas técnicas de relajación para que al niño le sea más fácil conciliar el sueño y aprenda a dormir solo y relajado.

¿Cómo aplicarlas?

Con el bebé estirado en una superficie cómoda, encárgate de que la luz sea tenue y de que no haya elementos distractores al alcance de su vista, la temperatura debe ser agradable para que el niño pueda estar cómodo sin tener que estar bajo las mantas.

Es recomendable hacerlo en su habitación, a ser posible, ya que de esta manera aprenderá que ese espacio es un espacio tranquilo y de paz donde puede descansar. Si te apetece, pon un poco de música suave ambiental, mejor si solo es instrumental.

Cuando tengas el ambiente preparado háblale dulce y pausadamente. Esto es importante, para que los niños se consigan relajar, nosotros debemos estar relajados también y hacérselo notar con nuestras palabras y nuestros gestos.

Puedes hablarle de lo que quieras, que sienta tu voz y que la identifique como un elemento calmante y relajante. A medida que vas explicándole un cuento, por ejemplo, o que le dices cuánto le quieres, puedes aprovechar para darle un masaje en sus manitas, sus piernas o la espalda. Es importante en esta etapa que sienta el contacto físico con tu piel, pero sin tenerlo encima.

¿Qué se consigue?

Además de calmarlo, si tenemos un contacto físico con él pero no lo tenemos encima nuestro, sino en su cuna o cama, estamos potenciando su independencia ya que le enviamos el mensaje de “estoy aquí para calmarte y quererte, pero no eres parte de mi, eres una persona con brazos, piernas, espalda, cabeza…”.

Si lo hacemos justo antes de ir a dormir, el niño aprenderá que dormir es una experiencia plácida y relajante, por lo que estaremos trabajando para una higiene del sueño correcta.

Técnicas de relajación para niños de 3 a 7 años

En este momento los niños ya no son bebés y se encargarán de hacérnoslo saber demostrando y exigiendo su independencia continuamente “yo solito” o “ya soy mayor” son frases que suelen repetir en esta época y que nos hacen mucha gracia a los padres y madres, pero que demuestran que el niño ya no es ciertamente un bebé.

Es un momento fantástico para empezar a trabajar la relajación guiada por parte de padres o profesores. En este momento ya se puede empezar a trabajar con los niños en grupo si están en clase.

¿Cuándo aplicarlas?

Se pueden aplicar a cualquier hora del día, pero quizá lo más sencillo si estás en casa, es hacerlo justo antes de dormir, cuando el niño ya se ha lavado los dientes y ya se ha puesto el pijama.

Podemos, incluso, aprovechar el cuento de buenas noches para introducir instrucciones de relajación e imaginación guiada, de esta manera el niño dormirá más relajado y caerá antes en el sueño.

¿Cómo aplicarlas?

El ambiente debe ser como en el caso anterior, relajante, tranquilo, con una temperatura adecuada y una luz tenue. Si quieres y te apetece puedes poner algo de música de relajación, para ayudar a calmar al niño y a ti mismo.

Se trata en esta etapa de jugar con su imaginación a la vez que trabaja su cuerpo. La cuestión es incluir elementos imaginativos y sencillos que el niño tenga muy identificados y que pueda imitar con movimientos con su propio cuerpo. Los movimientos deben ser lentos y calmados, de lo contrario estaríamos activando al niño. Aquí tienes algunos ejemplos:
  • Tortuga: nos permite trabajar con movimientos lentos de brazos y manos. Le podemos explicar un cuento cuyo protagonista sea una tortuga que pasea por un bosque y cuando se encuentra con una amenaza tiene que meter la cabeza en el caparazón. De esta manera estaremos enseñándole a ejercitar la tensión muscular en cuello y hombros para, después, relajarlos y volver a caminar tranquilamente.
  • Globo: podemos explicarle que es un pequeño globo que alguien empieza a inflar poco a poco. A medida que se va inflando sus brazos y sus piernas tienen que hacerse grandes, grandes mientras respira lentamente. Y cuando esté inflado del todo se va desinflando poco a poco.
  • Hormiga: tiene que hacerse pequeño, muy pequeño, y mover brazos y piernas como si fuera una pequeña hormiga. En este movimiento estaremos provocando una tensión muscular que deberemos relajar pidiéndole que, poco a poco, se vaya convirtiendo en otro animal o dejando de ser una hormiga, para notar la relajación en los músculos.
  • También podemos utilizar un peluche para ayudarnos: podemos explicarle que es el papá o la mamá del peluche y que lo quiere mucho, mucho, que tiene que abrazarlo muy muy fuerte. De esta manera creamos una tensión muscular que tendremos que relajar poco a poco pidiéndole que lo vaya soltando. Además, estaremos creando una asociación interesante entre el niño y el peluche, que pasará a ser un elemento relajante más.
¿Qué se consigue?

Las posibilidades son infinitas, y todo dependerá de tu imaginación y creatividad, así como la del niño. Llevando a cabo estas técnicas de relajación conseguiremos que el niño conozca las sensaciones de tensión y relajación de su cuerpo, así como ayudarlo a poderse relajar en momentos de tensión y antes de ir a dormir.

Con el ejercicio del globo, y algún otro que puedas imaginar, se puede empezar a trabajar con el control de la respiración, si conseguimos que el niño lo integre estaremos sentando las bases para que, más adelante, pueda utilizar los ejercicios de respiración en su día a día.

Técnicas de relajación para niños mayores (7 a 12 años)

En esta etapa del desarrollo infantil el niño definitivamente ya no quiere ser un niño, por lo que lo interesante es empezar a trabajar en las técnicas de relajación que pueda ir practicando de forma autónoma.

Será importante aquí que empiece a distinguir su estado de relajación del estado de excitación, para posteriormente, poderse autoaplicar estas técnicas cuando note que está tenso o estresado.

En esta etapa ya debemos llamar a la técnica de relajación por su nombre, el niño debe aprender que eso que está haciendo le sirve para relajarse y puede usarlo no sólo en el momento en el que se le dirige, sino en cualquier momento por su cuenta. Este es el momento también para empezar a introducir elementos imaginativos abstractos del tipo pensar en un color o en un paisaje que le ayude a estar bien y tranquilo.

¿Cuándo aplicarlas?

Si se han llevado a cabo las técnicas en las etapas anteriores la recomendación es seguir aplicándolas de forma constante en el mismo momento más o menos en el que se aplicaban antes. Es decir, si se hacía antes de dormir, seguir haciéndolo en el mismo momento.

La intención es que el niño aprenda que esas sensaciones las puede aplicar en cualquier momento del día, aprendiendo a identificar en su cuerpo las señales de tensión y las de relajación.

¿Cómo aplicarlas?
Como en las etapas anteriores, es importante que el niño esté en un entorno tranquilo, un entorno sin ruidos ni distracciones y con una temperatura agradable.

Se puede hacer en cualquier momento en el que el niño esté más o menos tranquilo, si intentamos hacerlo cuando está muy nervioso no dará resultados y tanto tu como el niño os sentiréis frustrados. No hace falta que sea justo antes de ir a dormir, puede ser antes de cenar, cuando el niño ya esté duchado y limpio, por ejemplo.

En este caso iremos trabajando en la diferenciación entre la tensión y la relajación de las distintas partes del cuerpo, así como en el control de la respiración.

Pídele que cierre los ojos y que se imagine en un lugar agradable. Déjale unos segundos para que lo imagine. Si le apetece, le puedes pedir que te lo describa para que la imagen se más real en su cerebro.

Ahora es el momento de empezar a ayudarle a focalizarse en sus sensaciones con frases como:
  • “Fíjate en tu brazo derecho y nota como sientes un calor agradable”. “¿Lo notas un poco más caliente que el resto del cuerpo?”
  • “Siente como tu brazo pesa mucho, como si fuera de hierro”.
  • “Estás relajado y tranquilo”.
Si vemos que el niño está receptivo podemos utilizar la metáfora del globo de nuevo, indicándole que a medida que se infla el aire va entrando en su cuerpo y lo va inflando hasta estar completamente lleno. Y luego, poco a poco, se va desinflando. Podemos decirle también que el aire tiene su color preferido y que éste va inundando su cuerpo y relajándolo poco a poco, para luego ir saliendo de nuevo.

Podemos también hacer ejercicios de tensión-distensión:
  • “Siente cómo te estiran de las extramidades, como si una persona estuviera en cada una de ellas estirando fuerte, tranquilo, no hay peligro de que te rompas, simplemente quieren ver hasta dónde puedes estirarlos”. Cuando esté en el punto máximo se le da indicación de que relaje de golpe “ahora te sueltan de golpe. Sientes la sensación agradable que recorre tus músculos”.
  • “Imagina que tienes una naranja en la mano y quieres hacer un buen zumo, pero no tienes exprimidor. Trata de exprimirla con la mano, apretándola con todas tus fuerzas”. “Bien. El zumo está hecho, ahora relaja la mano y vamos a probar con la otra”.
  • “Ahora tienes la boca llena de tu comida preferida. Mastícala lentamente saboreándola”. “Traga lentamente”.
¿Qué se consigue?

Con estos ejercicios conseguirás que el niño reconozca las sensaciones de tensión y distensión de su cuerpo. Cuando acabes cada uno de los ejercicios recuérdale que puede hacerlos en cualquier momento del día que lo necesite. Invítale a que se observe y reconozca cuándo tiene los músculos en tensión y si puede hacer algo para relajarlos con la ayuda de alguno de estos ejercicios.

Últimas indicaciones

Si quieres realizar estos ejercicios pero el niño está muy nervioso, no empieces directamente con ellos. Haz un paso intermedio que puede ser, por ejemplo, darle un masaje con un rodillo de masajes, o sacudirle las piernas y los brazos para inducir una relajación muscular que le llevará a tranquilizarse.

Recuerda que es importante que tu tono de voz, tus movimientos y tu comunicación no verbal sean también relajadas, háblale con suavidad, y cuando entres en contacto con él procura hacerlo calmadamente, sin provocarle sobresaltos.

Las sesiones de relajación con los niños a cualquier edad deben ser cortas ya que suelen dispersarse con facilidad. Si ves que en medio de un ejercicio el niño se desconcentra, intenta cambiar el ejercicio. Si no se soluciona es que no es el momento adecuado. Ya lo volveréis a intentar más tarde.
La relajación con niños, igual que con adultos, no se aprende de un día para el otro, debes tener paciencia y empezar cuanto antes para que el niño se vaya habituando.

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